LA CARRERA DE LOS DANES.

En general, la practica de un arte marcial suele estar vinculada a la la autosuperación y al desarrollo personal, sirviéndonos como vehículo para afinar nuestras habilidades psicomotrices, refinar nuestras actitudes personales, y adquirir valores mediante el trabajo y el respeto mutuo. Todo ello con la finalidad de ser mejores versiones de nosotros mismos. Siguiendo este patrón, una manera muy extendida de realizar esta valoración es a través de un examen técnico federativo. A través del examen, el practicante tiene la posibilidad de demostrar su conocimiento y habilidad técnica ante un tribunal formado por grados altos, y en muchos casos profesionales.

Si bien, un examen puede ser la manera más eficaz de establecer una valoración técnica general del practicante, habría que cuestionarse si es una manera eficaz de valorar el espíritu de entrega, participación y colaboración del mismo, y de crear un sentimiento de comunidad.

Los exámenes, en general, son una valoración técnica de los conocimientos que posee un estudiante dentro de un régimen competitivo ascendente. Nos permite separar el trigo de la paja, los aptos de los no aptos. Obviamente, en algunos campos, como pueden ser la medicina, ingenierías, el deporte, leyes, etc… donde existe una gran demanda a nivel laboral, competitivo o de responsabilidad civil, esta claro que se tiene que realizar una criba, pero ¿hasta que punto es necesario este planteamiento?

En el caso que nos concierne, que es la practica de Aikido, un arte marcial no-competitivo y con un claro enfoque al desarrollo personal del practicante, ¿es realmente necesario realizar exámenes una vez se ha demostrado la adquisición de un nivel técnico adecuado? ¿cuantos practicantes dejan de entrenar una vez adquieren el cinturón negro?¿cuantos practicantes dejan de entrenar al suspender un examen o no subir de categoría?¿son los exámenes una manera de controlar la población creciente de danes superiores por parte de aquellos que ostentan una posición de poder?¿no se debería premiar también la participación y fidelidad del veterano que no desea realizar un examen pero lleva años con el mismo grado?¿que pasa con aquellos veteranos que por su situación laboral y familiar no disponen de tiempo para preparar un examen, acaso se tienen que quedar atrapados en el mismo dan durante décadas? Están son algunas de las eternas preguntas que se suelen cuestionar muchos practicantes, no solo dentro de Aikido, sino también dentro de otras artes marciales y disciplinas.

Esta claro, que cuando las cosas se regalan no se aprecian, de la misma manera que a todo el mundo le gusta ganar y superarse, sumado a nuestro instinto natural de acumular y subir de nivel o categoría, y de desilusión una vez lo conseguimos. Todos compartimos en mayor o menor medida estas idiosincrasias de nuestra condición humana, pero es a través de una disciplina no-competitiva, como es el Aikido, que logramos superar nuestra herencia humana natural, y evolucionamos de competir a colaborar, de destruir a construir. Un examen no es un mal medio para valorar ciertas cualidades técnicas, pero no para valorar el conjunto de cualidades de un practicante. Por ello, algunas escuelas suelen optar por ambas opciones: un camino rápido de ascenso técnico a través de exámenes de técnica, u otro más lento pero que premia la constancia y el buen hacer del día a día, dando la posibilidad de subir de grado a todo el mundo. Eso sí, siempre pagando la cantidad de dinero correspondiente estipulada por la federación o asociación pertinente.